Edición 054 · 18 de octubre de 2026 · 2 min. de lectura
Nuestros conocimientos no deben jubilarse con nosotros
«El jefe lo lleva en la sangre». Una frase así suena, en principio, como un cumplido. A experiencia, a seguridad, a alguien que domina su oficio. Sin embargo, para una empresa también encierra una pregunta bastante incómoda: ¿qué pasa cuando el jefe no está?
Una receta se puede poner por escrito. Lo más difícil es el conocimiento que hay entre medias. ¿Cómo reconozco que una materia prima hoy reacciona de otra manera? ¿Cuándo tengo que adaptar un proceso? ¿Qué veo, huelo o percibo antes de que una cifra en la pantalla confirme que algo no va bien?
Precisamente ese conocimiento es lo que hace valiosa la experiencia. Pero no se transmite automáticamente solo porque alguien haya estado observando el tiempo suficiente.
