Edición 038 · 02 de octubre de 2026 · 2 min. de lectura
La calidad del vacuno empieza con una especificación de alimentación, no con una sola proporción de forraje
Un nuevo estudio de la Universidad Agrícola de Henan sitúa la ración en el centro de la especificación de calidad de vacuno. El equipo comparó tres proporciones de heno de alfalfa —11,57 %, 20,83 % y 30,09 %— en 60 bovinos cruzados Simmental. Evaluó rendimiento, características de canal, calidad de la carne, fermentación ruminal y microbiota. La proporción más baja se asoció con mayor peso final y menor fuerza de corte en el longissimus thoracis.
El resultado no autoriza una receta universal. El mismo tratamiento con menor proporción de alfalfa también produjo el contenido más alto de ácidos grasos saturados en el músculo. Por tanto, la mejora de terneza y rendimiento no equivale automáticamente a un perfil lipídico preferible desde cualquier perspectiva. La investigación identifica además diferencias en grupos microbianos del rumen y correlaciones entre microbiota y ácidos grasos musculares, pero no demuestra una cadena causal que pueda trasladarse sin más a otras explotaciones, razas o sistemas de alimentación.
Para programas de carne de calidad, la conclusión práctica es más exigente que «menos forraje». Una especificación útil debe reunir objetivos de crecimiento, textura, grasa intramuscular, composición de ácidos grasos, salud ruminal y disponibilidad local de materias primas. La dieta ha de documentarse como parte del sistema de calidad, igual que genética, manejo, transporte y maduración.