Edición 044 · 08 de octubre de 2026 · 2 min. de lectura
La calidad de la carne de pollo empieza con una fórmula de alimento robusta para el intestino
Un estudio publicado el 1 de octubre examina cómo la dieta puede influir simultáneamente en el rendimiento de los pollos de engorde y en atributos tecnológicos de su carne. Se compararon cinco dietas en 300 aves: una dieta de maíz, dos dietas con salvado de arroz sustituyendo el maíz en un 10 o un 20 %, y ambas formulaciones complementadas con 250 mg/kg de xilooligosacáridos (XOS). Los XOS son oligosacáridos empleados como prebióticos; no son un sustituto general de una formulación equilibrada.
El resultado decisivo fue el nivel de inclusión. La dieta con 20 % de salvado de arroz sin XOS produjo el peor peso final y la peor conversión alimenticia. En cambio, la combinación de 10 % de salvado de arroz y XOS alcanzó la mayor ganancia de peso y la conversión más eficiente. También mostró mayor rendimiento de canal, pechuga y muslo, además de menos grasa abdominal. A nivel intestinal, esa dieta registró los mejores valores de altura de vellosidades y de relación vellosidad-cripta; en sangre, la menor concentración de malondialdehído y la mayor actividad de superóxido dismutasa.
Para la carne, el efecto fue diferenciado pero relevante: los grupos con XOS presentaron mayor capacidad de retención de agua y menores pérdidas por cocción; la formulación con 10 % de salvado y XOS también mostró mejoras en elasticidad y cohesión. Sin embargo, los autores registraron mayores pérdidas por goteo en carnes de aves alimentadas con XOS. La lectura práctica es clara: ingredientes fibrosos de menor coste no deben evaluarse sólo por su precio ni los XOS por un único indicador. Para trasladar este enfoque a una especificación de carne de pollo se necesita validar el resultado con materias primas, genética, condiciones de crianza y parámetros de refrigeración propios.