Meat Morning Briefing
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Edición 018 · 11 de septiembre de 2026 · 2 min. de lectura

El procesado de soja debe ser un punto de control para la salud del lechón

Un trabajo publicado el 8 de septiembre en el *Journal of Animal Science* sitúa los inhibidores de tripsina en el centro de la nutrición de lechones. El estudio analiza cómo distintos niveles de estos compuestos antinutricionales en las dietas afectan al rendimiento, la diarrea, las respuestas inflamatorias intestinales, el estrés oxidativo, la morfología de la mucosa, la integridad de la barrera y la fermentación en el intestino grueso. Su importancia práctica va más allá de una sola formulación: la actividad inhibidora es una variable de calidad de la materia prima que puede variar entre partidas de soja y entre tratamientos térmicos.

La tripsina es una enzima digestiva esencial para descomponer proteínas. Si los inhibidores permanecen activos en el pienso, pueden reducir el aprovechamiento de la proteína. Por tanto, no basta con declarar el nivel de proteína bruta o formular por aminoácidos calculados. Para la producción de lechones, importa cuánto de esa proteína llega realmente a estar disponible y cómo responde un intestino todavía inmaduro tras el destete.

La publicación vincula indicadores productivos con parámetros intestinales y de estrés oxidativo. Este enfoque es especialmente relevante: menor crecimiento o peor conversión no deberían interpretarse automáticamente como un simple fallo de energía, aminoácidos o sanidad. La actividad inhibidora excesiva puede afectar simultáneamente la digestión, la estabilidad de la barrera intestinal y el estado fisiológico del animal.