Edición 009 · 02 de septiembre de 2026 · 2 min. de lectura
La gestión térmica debe tratarse como un punto de control de la calidad de canal
El estrés térmico no empieza solo cuando el termómetro marca temperaturas extremas. El Farm Advisory Service de Escocia recuerda que la combinación de temperatura y humedad debe evaluarse mediante el índice temperatura-humedad, THI. En bovinos se considera crítico a partir de un valor de 68; con una humedad estival cercana al 60 %, ese umbral puede alcanzarse aproximadamente a 22 °C.
La guía conecta bienestar, rendimiento y calidad. Incluso un estrés moderado puede reducir el consumo de alimento, la ganancia diaria y la fertilidad, además de perjudicar la calidad general de la carne. Como referencia, cita trabajo de SRUC según el cual un día adicional de ola de calor por cada 100 días se asocia con unos tres días más de edad al sacrificio. No es una predicción para cada explotación, sino un indicador de que el clima influye en parámetros productivos y de canal.
Para la práctica, el agua es el primer cuello de botella. La recomendación indica hasta 15 litros diarios por cada 100 kg de peso vivo y una necesidad al menos un 10–20 % superior con calor. Caudal, capacidad y accesibilidad de los bebederos importan tanto como el volumen nominal. Sombra, manejo tranquilo a primera hora y evitar intervenciones en las horas cálidas reducen carga adicional.
También el horario de alimentación debe formar parte del plan. Ofrecer alimento a última hora de la tarde desplaza el máximo de calor de fermentación ruminal, normalmente entre cuatro y seis horas después, hacia la noche. La conclusión para productores y compradores es clara: la gestión térmica no es solo una medida de emergencia. Es una disciplina preventiva que protege al animal y reduce variabilidad en crecimiento, canal y calidad comercial.