Meat Morning Briefing
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Edición 012 · 05 de septiembre de 2026 · 2 min. de lectura

La textura del cerdo cocinado empieza en el perfil lipídico

La calidad del lomo de cerdo debe evaluarse también después de cocinarlo, no solo como materia prima. Un trabajo publicado el 3 de septiembre compara 90 cerdos Landrace, Yorkshire y Duroc criados bajo condiciones estandarizadas y relaciona composición, pH, colágeno, pérdidas por cocción, perfil de ácidos grasos y parámetros instrumentales de textura.

Los resultados confirman diferencias entre razas en la deposición lipídica y en la composición de ácidos grasos. Duroc presentó más grasa intramuscular, mayor pH y menor contenido total de colágeno que las otras razas; además, las variables de textura de la carne cocinada difirieron significativamente. En los modelos de regresión, los ácidos grasos saturados y varios monoinsaturados explicaron parte de esa variación, tanto a partir de datos de carne fresca como cocinada.

La conclusión importante no es que un único ácido graso determine la terneza. El estudio muestra, más bien, que el perfil lipídico puede ser una variable física útil para anticipar el comportamiento de un lomo durante el calentamiento. Esto amplía el enfoque habitual, centrado en pH, grasa intramuscular y colágeno.

Para genética, producción y elaboración, el resultado invita a conectar selección, alimentación, clasificación de materias primas y destino culinario. Si se pretende vender una promesa de jugosidad o textura reproducible, los valores medidos en crudo no bastan por sí solos: importa cómo interactúan grasa, proteína y agua cuando el producto llega a la sartén, al horno o a la parrilla.